{"id":137,"date":"2017-02-20T11:21:56","date_gmt":"2017-02-20T14:21:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/?p=137"},"modified":"2018-08-16T14:04:06","modified_gmt":"2018-08-16T17:04:06","slug":"hogares-en-transito-nuevas-versiones-para-el-home-sweet-home","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/hogares-en-transito-nuevas-versiones-para-el-home-sweet-home\/","title":{"rendered":"Hogares en tr\u00e1nsito. Nuevas versiones para el Home Sweet Home"},"content":{"rendered":"<p>Desafiado por la movilidad de los millennials, las transformaciones tecnol\u00f3gicas y la crisis econ\u00f3mica y habitacional, se reconfigura un concepto que parec\u00eda eterno.<\/p>\n<p>La idea del hogar, un concepto que hasta hace algunas d\u00e9cadas parec\u00eda inamovible e \u00edntimamente relacionado con aspectos definitorios de la vida de las personas, hoy ha mutado a extremos irreconocibles, fruto de una mir\u00edada de variables culturales que hacen que lo pensemos y vivamos de manera diferente.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/2351747h765.jpg\" alt=\"\" width=\"1360\" height=\"765\" class=\"aligncenter size-full wp-image-138\" srcset=\"https:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/2351747h765.jpg 1360w, https:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/2351747h765-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/2351747h765-768x432.jpg 768w, https:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/2351747h765-1024x576.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1360px) 100vw, 1360px\" \/><\/p>\n<p>Lo que en alg\u00fan momento estuvo firmemente arraigado en lo geogr\u00e1fico y a nociones como la familia tradicional se ha visto modificado por la tecnolog\u00eda y una creciente movilidad (se habla de &#8220;n\u00f3mades digitales&#8221;), fen\u00f3menos globales como la sharing economy, y los nuevos h\u00e1bitos de consumo y trabajo de las generaciones j\u00f3venes, entre otras cuestiones. \u00bfQu\u00e9 podemos esperar del nuevo &#8220;home sweet home&#8221; y cu\u00e1l ser\u00e1 su impacto en la sociedad y la econom\u00eda en los pr\u00f3ximos a\u00f1os?<br \/>\nClick aqu\u00ed<\/p>\n<p>&#8220;Menos hijos, m\u00e1s tiempo en casa, viviendas chicas y con menos objetos son algunas de las tendencias de los nuevos hogares en la Argentina y en el mundo. Detr\u00e1s de ellos hay un conjunto de necesidades con aristas socioecon\u00f3micas: la necesidad de frenar el consumo de cosas prescindibles, de conciliar la vida personal y laboral, y que el trabajo, donde pasamos la mayor parte de nuestras vidas, se transforme en una fuente de placer y no de malestar&#8221;, resume Victoria Giarrizzo, investigadora del Instituo Interdisciplinario de Econom\u00eda Pol\u00edtica de Buenos Aires (IIEP-Baires, UBA).<\/p>\n<p><strong>Viviendas y cosas<\/strong><\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente asociada con el origen, la pertenencia o la familia, empapando el imaginario popular a trav\u00e9s de postales id\u00edlicas en donde la gente se re\u00fane alrededor de un fuego o una mesa, o gracias a lo que pel\u00edculas y canciones dictaron durante a\u00f1os, la casa es uno de los primeros demarcadores identitarios. Pero \u00bfc\u00f3mo nos definimos si la idea del hogar est\u00e1 cambiando o se presenta como algo m\u00e1s inestable? La historia del hogar es tambi\u00e9n, en gran medida, la historia de nuestra relaci\u00f3n con las cosas, en particular en una \u00e9poca donde lo f\u00edsico y su valor parecen haber cedido ante el paradigma digital, o se encuentran cuestionados por movimientos anticonsumo y verdes, o modas de desapego (del budismo al decluttering de Marie Kondo y otros). Lo cierto es que como seres humanos tenemos una pulsi\u00f3n reconocible hacia almacenar recuerdos, valores y experiencias a trav\u00e9s de los objetos, concedi\u00e9ndoles tanto una funci\u00f3n de registro como de indicador personal.<br \/>\nClick aqu\u00ed<\/p>\n<p>Distintos estudios y teor\u00edas sobre la propiedad y la identidad se\u00f1alan hacia el mismo lugar: poseemos cosas que nos permitan entender qui\u00e9nes somos y maximizar nuestro yo. O, dicho de otro modo, proyectamos qui\u00e9nes somos -y qui\u00e9nes queremos ser- en lo que poseemos. Como sugiere Dominique Browning, escritora y editora de House &#038; Garden y de numerosos libros sobre el tema, existe un \u00edntimo v\u00ednculo y una funci\u00f3n (de apego a la vida) entre las posesiones, el hogar y nosotros.<\/p>\n<p>Claro que tambi\u00e9n podemos terminar como rehenes de los objetos f\u00edsicos, que pueden definirnos en maneras no siempre positivas. Por eso el t\u00e9rmino hoarder es reconocible no s\u00f3lo por los programas dedicados a los acumuladores compulsivos de la TV, sino tambi\u00e9n para entender una relaci\u00f3n disfuncional con las posesiones. Algunos podr\u00e1n sentirse a gusto con sus cosas, mientras que otros est\u00e1n satisfechos con tener sus recuerdos en la nube y sus libros o m\u00fasica en formatos digitales. Es en este contexto de abundancia, accesibilidad y compulsi\u00f3n donde comienzan a florecer los discursos back-to-basics, tanto en el marco del consumo como de la vivienda.<\/p>\n<p><strong>Im\u00e1genes aspiracionales<\/strong><\/p>\n<p>&#8220;Las nuevas generaciones viven con la sensaci\u00f3n de que se cayeron las fronteras, es f\u00e1cil trabajar a distancia, comunicarse es algo instant\u00e1neo. Estas posibilidades han ido moldeando personas con h\u00e1bitos diferentes, muy n\u00f3mades, que necesitan espacios flexibles que se adapten a su vida, trabajan en grupo y prefieren equipamientos desarmables y transportables -explica Gabi L\u00f3pez, dise\u00f1adora de interiores que tiene en su estudio un \u00e1rea dedicada a la investigaci\u00f3n-. No comulgan con nuestro viejo modelo de trabajar, trabajar y acumular. Vieron la explosi\u00f3n de la crisis inmobiliaria&#8221;.<\/p>\n<p>De igual forma en que las posesiones pueden establecer contornos y l\u00edmites, tambi\u00e9n el espacio lo hace. Es por esto que una de las mutaciones m\u00e1s interesantes para observar en el \u00faltimo tiempo es la que promueve el desapego al hogar, o al menos a la idea tradicional, un impulso ligado a las nuevas -y menos acaudaladas- generaciones. Si de im\u00e1genes aspiracionales se trata, pasar de la casa con varias habitaciones y cerca blanca a una prefabricada \u00ednfima o rodante es un cambio significativo. As\u00ed, el nuevo imaginario se regodea con las tiny houses (que tienen tambi\u00e9n su movimiento, Tiny House Movement), una tendencia que crece de forma sostenida en Europa y Estados Unidos e invita a reducir lo m\u00e1s posible el espacio habitable de una persona. Con el leitmotiv de la vida simple (\u00bfpara qu\u00e9 tener una casa grande?), y con el objetivo de reducir costos, se promueve la construcci\u00f3n de microcasas para vivir en la ciudad o el campo.<\/p>\n<p>Desde fotos de Instagram asoman casas rodantes o peque\u00f1as caba\u00f1as con cuartos de 4&#215;4, que sirven tanto para el deleite de los hipsters como de los que buscan un cambio consciente en relaci\u00f3n al consumo y los recursos vitales. M\u00e1s all\u00e1 de la veta ecol\u00f3gica, los motivos para optar por las minicasas son en primera instancia econ\u00f3micos (pueden costar alrededor de 5000 d\u00f3lares en adelante). El \u00e9nfasis en lo financiero es comprensible en una movida que tiene su epicentro en Estados Unidos, sobre todo luego de la crisis de 2008, y si se observan los costos de tener una propiedad y el nivel promedio de deuda que tiene que adquirir un ciudadano para llegar a cumplir el publicitado sue\u00f1o del hogar propio.<\/p>\n<p>Si los j\u00f3venes adultos crecieron con concepciones diferentes respecto del trabajo, era natural que tambi\u00e9n tuvieran ideas distintas respecto de la vivienda y la compa\u00f1\u00eda. La autora norteamericana Courtney Martin se ha dedicado a analizar el discurso millennial, echando por tierra tanto la narrativa tradicional del sue\u00f1o americano como los prejuicios sobre los m\u00e1s j\u00f3venes. En su libro The New Better Off: Reinventing the American Dream, Martin aborda la nueva perspectiva generacional respecto del dinero, los bienes, la casa y la familia: desde su perspectiva, los millennials ya no son las v\u00edctimas de la crisis o in\u00fatiles malcriados, sino creadores de opciones en respuesta a la presi\u00f3n econ\u00f3mica. &#8220;El aprendizaje de esta recesi\u00f3n ha hecho revaluar d\u00f3nde pon\u00e9s tu energ\u00eda y tu tiempo. El principal peligro no es no lograr el sue\u00f1o americano, sino conseguir un sue\u00f1o en el que no cre\u00e9s. La recesi\u00f3n le quit\u00f3 aire al sue\u00f1o, pero tambi\u00e9n expuso lo rotos que est\u00e1n nuestros sistemas&#8221;, reflexiona Martin.<\/p>\n<p><strong>Flexibilidad<\/strong><\/p>\n<p>Lo que se puede apreciar en muchos de estos discursos es que se deja de hablar s\u00f3lo de dinero y se pasa a pensar en t\u00e9rminos de tiempo y esfuerzo, de proyecci\u00f3n personal, y hasta de relaciones y nuevos arreglos socioafectivos. En ese aspecto, otro viraje llamativo de la \u00faltima d\u00e9cada es el surgimiento de opciones de vivienda que apuntan a una experiencia comunal, de los hogares multigeneracionales (en parte explicados por la vuelta al nido paterno) al impresionante aumento del co-housing o co-living. La propia Martin relata sus experiencias en una comunidad cerrada en Oakland, donde una veintena de personas comparten espacios comunes como una cocina y un \u00e1rea para comer, aparte de trabajar la tierra en conjunto.<\/p>\n<p>&#8220;Debido a las dificultades para acceder a una vivienda, los j\u00f3venes tienden a quedarse m\u00e1s tiempo en casa de sus padres -describe a su vez la dise\u00f1adora Gabi Lopez-. Estamos viendo que en las viviendas actuales conviven tres generaciones juntas. Esta f\u00f3rmula necesita una vivienda que se adapte a tres comportamientos diferentes&#8221;.<\/p>\n<p>As\u00ed, mientras la familia extendida parece ser el nuevo signo de los tiempos, la opci\u00f3n del &#8220;piso compartido&#8221;, popularizada por aquel film europeo de 2002, dej\u00f3 de ser una moda del Viejo Continente para convertirse en boom internacional. De hecho, el n\u00famero de gente de 18 a 35 que vive con roommates se duplic\u00f3 en los \u00faltimos treinta a\u00f1os desde la d\u00e9cada del 80 (compitiendo con modelos cl\u00e1sicos como vivir con la pareja o los padres), y ya se habla de todo un mercado dedicado al co-living (donde se construyen casas pensadas a tal efecto y hasta se ofrecen servicios de abastecimiento y gesti\u00f3n para esas viviendas). Lejos est\u00e1 tambi\u00e9n el prejuicio de que esta modalidad es para gente jubilada, como suced\u00eda hasta hace un tiempo en Estados Unidos (pioneros en el tema de las comunidades cerradas para la tercera edad) o como se explota localmente con iniciativas como Vida Linda en Buenos Aires.<\/p>\n<p>As\u00ed como las nociones en torno al trabajo han cambiado significativamente en la \u00faltima d\u00e9cada, tambi\u00e9n han impactado en la concepci\u00f3n del hogar, permitiendo, irrupci\u00f3n tecnol\u00f3gica mediante, tendencias del nuevo milenio como el teletrabajo (y toda una gama de variantes entre los extremos del oficinista que marca tarjeta y el freelo). Este cambio de paradigma marca una serie de nuevas din\u00e1micas; entre ellas, permitir una movilidad sin precedentes que habilit\u00f3 la posibilidad de trabajar desde cualquier parte del mundo. En este sentido, para los millennials y la Generaci\u00f3n Z los propios dispositivos como el celular o la laptop se han transformado en una especie de hogar temporal y transportable, donde tienen casi todo lo que necesitan.<\/p>\n<p>Asimismo, la idea del hogar multifunci\u00f3n, no s\u00f3lo como lugar de privacidad y descanso, sino tambi\u00e9n como un hub creativo y social desde d\u00f3nde trabajar, crear, reunirse (ha crecido mucho tambi\u00e9n la modalidad del co-working), se hace patente en las nuevas generaciones. Eso tambi\u00e9n ha disuelto las fronteras de la &#8220;vieja&#8221; privacidad y ha producido una dualidad en el &#8220;estar&#8221;: estamos en la oficina pero tambi\u00e9n en el resguardo de nuestra casa. La contracara son los espacios de trabajo, que en algunos casos tienden a estar cada vez m\u00e1s moldeados a imagen y semejanza del hogar (con camas, playrooms, gimnasios, jardines, etc).<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/pensamiento-2351745.jpg\" alt=\"\" width=\"740\" height=\"1300\" class=\"aligncenter size-full wp-image-139\" srcset=\"https:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/pensamiento-2351745.jpg 740w, https:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/pensamiento-2351745-171x300.jpg 171w, https:\/\/www.oppel.com.ar\/news\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/pensamiento-2351745-583x1024.jpg 583w\" sizes=\"(max-width: 740px) 100vw, 740px\" \/><\/p>\n<p>Esta evoluci\u00f3n se da tanto por cuestiones t\u00e9cnicas como culturales, en tanto la prerrogativa de trabajar en un cub\u00edculo ya no es limitante para los j\u00f3venes, que buscan sobre todo flexibilidad en t\u00e9rminos laborales, relacionales y espaciales. Seg\u00fan una encuesta de Nubelo en el rubro IT (trabajadores tecnol\u00f3gicos) realizada en la Argentina hace cinco a\u00f1os el 71% se inclinaba por horarios flexibles, algo a lo que la mayor\u00eda de las empresas le prestan atenci\u00f3n en la actualidad. Por su parte, Matt Barrie, fundador de freelancer.com, explic\u00f3 hace poco el incre\u00edble crecimiento que el sitio tuvo en Latinoam\u00e9rica (en 2012 representaba menos del 2% y hoy es casi el 10%), con una base de usuarios argentinos que ronda los 200.000 (es el pa\u00eds de habla hispana con m\u00e1s usuarios) y que trabajan en su casa o en la calle.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, esta movilidad constante habilita una nueva visi\u00f3n sobre los bienes y espacios, y c\u00f3mo es posible utilizarlos: las econom\u00edas colaborativas, con AirB&#038;B a la cabeza son ejemplo de la transformaci\u00f3n tecnol\u00f3gica del hogar. Alquilar, subalquilar, prestar, trocar, ya no son conceptos hippies o extra\u00f1os, sino estrategias para capitalizarse.<\/p>\n<p>&#8220;En 1973 el economista alem\u00e1n Ernst Friedrich Schumacher revolucion\u00f3 el mundo acad\u00e9mico con un libro novedoso: Lo peque\u00f1o es hermoso. Schumacher critica all\u00ed las bases de la econom\u00eda consumista occidental, que prioriza el gigantismo y enfatiza la virtud de maximizar el bienestar, y minimiza el consumo y el trabajo, con la funci\u00f3n de darle a la gente la oportunidad de desarrollar sus habilidades, de unirse con otros y de producir s\u00f3lo los bienes y servicios compatibles con una vida libre&#8221;, apunta Giarrizzo sobre estas nuevas-viejas ideas que est\u00e1n modificando los hogares en Occidente.<\/p>\n<p><strong>A futuro<\/strong><\/p>\n<p>En paralelo a las discusiones acerca de qu\u00e9 constituye un hogar, una tragedia contempor\u00e1nea obliga a examinar el dilema de los que no tienen casa: los que deben dejar sus tierras y migrar. La crisis de los refugiados, con 65 millones de personas que se trasladan alrededor del mundo y se ven inmersos en diversas problem\u00e1ticas (crisis identitaria, falta de integraci\u00f3n, discriminaci\u00f3n, crimen y violencia), es un postergado debate. Sin contar las migraciones internas generadas por la poblaci\u00f3n que se traslada del campo a la ciudad, con los consecuentes interrogantes sobre la planificaci\u00f3n y proyecci\u00f3n urbana. Con este marco complejo convive el mencionado movimiento Tiny House y los desaf\u00edos que presenta para la legislaci\u00f3n actual (se est\u00e1 buscando alterar el c\u00f3digo de construcci\u00f3n residencial internacional para acomodar esas variantes actualmente ilegales).<\/p>\n<p>Mientras tanto la llamada Generaci\u00f3n Rent, aquellos j\u00f3venes educados que entraron a la fuerza laboral post 2008 -y que ya se sabe generar\u00e1n menos ingresos que sus padres y abuelos-, lidia con la realidad de no tener un hogar propio y contentarse con alquilar de por vida. Pero, entonces, \u00bfcu\u00e1n importante es ser due\u00f1o de una casa hoy? La respuesta a esa pregunta ha variado en el tiempo, y si ser &#8220;due\u00f1os&#8221; como promov\u00eda un popular comercial de un banco argentino ya no es lo que era, tener un lugar que llamemos casa siempre lo ser\u00e1. Pero hoy eso puede significar muchas cosas: d\u00f3nde residimos, o trabajamos y vivimos, un sitio que compartimos o un medio para trasladarnos, sea permanente o por per\u00edodos de tiempo. Tambi\u00e9n puede ser un objeto, una actividad o un estado mental en cualquier parte del mundo.<\/p>\n<p>El espacio donde habitamos tiene una \u00edntima relaci\u00f3n no s\u00f3lo con c\u00f3mo elegimos vivir, sino tambi\u00e9n con c\u00f3mo nos proyectamos y qu\u00e9 imaginamos que somos capaces de hacer. Estas nuevas visiones parecen alumbrar un camino en donde los espacios sean herramientas para disfrutar y explotar, mutando seg\u00fan las necesidades y los contextos.<\/p>\n<p>Martin Heidegger predec\u00eda una sociedad moderna conducida por la tecnolog\u00eda y la ciencia que privar\u00eda a la gente de la sensaci\u00f3n del hogar, con la nostalgia como sentimiento de \u00e9poca. Pero tal vez, esta \u00e9poca nos est\u00e1 ense\u00f1ando a encontrar otras formas de construir identidad y sentido.<\/p>\n<p>Fuente: La Naci\u00f3n  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desafiado por la movilidad de los millennials, las transformaciones tecnol\u00f3gicas y la crisis econ\u00f3mica y habitacional, se reconfigura un concepto que parec\u00eda eterno. 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